Multas de hasta 35 millones de euros para quien improvise. Ventaja competitiva para quien ordene sus datos ahora. Esto es lo que el reglamento europeo de IA exige de verdad a la gran empresa española.

Madrid. El AI Act está en vigor desde agosto y en muchos comités de dirección se repite la misma pregunta. ¿Conviene frenar los proyectos de IA que ya están en marcha?
La respuesta corta es que no. La ley no castiga la ambición, castiga la improvisación.
El debate llega en un momento ruidoso. Varias voces del sector piden pausar el desarrollo de la IA, y el desconocimiento sobre el reglamento europeo alimenta las dudas en miles de empresas. Lo analizamos en un artículo que recogieron más de 15 medios, entre ellos El Confidencial Digital, Diario Siglo XXI, Navarra Información y Crónica Económica, y que Francisco Moreno Balboa desarrolló en la entrevista de Kapital Empresa.
El AI Act es el reglamento europeo que regula los sistemas de inteligencia artificial según su nivel de riesgo. Las sanciones llegan hasta los 35 millones de euros o el 7 % de la facturación global en los incumplimientos más graves. Los sectores sensibles, como banca, energía o sanidad, son los que más tienen que ganar con un despliegue bien protegido.
Para la gran empresa, las exigencias se concentran en dos frentes.
Privacidad del dato. Hay que saber qué datos se pueden facilitar a las herramientas de IA y cuáles son sensibles. También dónde se alojan, cómo viajan, cómo se protegen y qué pasa si se filtran. Esa información tiene que conocerse desde el principio, desde la propia arquitectura.
Trazabilidad. Tu empresa necesita poder reconstruir de dónde sale cualquier decisión y afirmación de un sistema de IA. Sin eso no puedes medir su impacto ni tomar medidas cuando algo falla. Es la palabra que más suena en el sector, y con razón.
“Esta regulación, lejos de paralizar posibles proyectos de IA, anima a las empresas a entrar en una fase de planificación más profunda e interesante”, explica Francisco Moreno Balboa, CEO y fundador de Logixs. “No se pretende frenar la innovación sino hacerla más accesible, teniendo presente siempre la gobernabilidad para su implementación.”
Su recomendación es concreta. Aprovechar la regulación para revisar los cimientos de los proyectos de IA ya en marcha y asegurar que cumplen con la normativa vigente desde agosto, y con la que queda por llegar.
La trazabilidad que pide el AI Act es la misma que pedimos nosotros a cualquier sistema antes de ponerlo en producción. Por eso construimos ADA. ADA reúne todo el conocimiento de una empresa, el que está en sus sistemas y el que solo tienen sus personas, en un cerebro que la IA usa para trabajar. Al apoyarse en lo que la empresa sabe de verdad, la IA deja de alucinar, cuesta menos y cada respuesta se puede rastrear hasta su origen y auditar.
Si quieres revisar los cimientos de tu IA antes de que lo haga un auditor, hablemos.
No. El reglamento exige planificación, privacidad del dato y trazabilidad. Las empresas con un gobierno del dato sólido pueden seguir innovando con ventaja sobre las que improvisan.
Hasta 35 millones de euros o el 7 % de la facturación global en los incumplimientos más graves.
Dos cosas sobre todo. Saber qué datos usa la IA, dónde se alojan y cómo se protegen, y poder reconstruir de dónde sale cada decisión que toma un sistema.
Apoyando la IA en el conocimiento estructurado de la empresa, de forma que cada respuesta se pueda rastrear hasta su origen y auditar, como hace ADA.
C/ Serrano 19, planta 7 puerta 3 . 28001 Salamanca, Madrid, España
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